dinsdag 18 maart 2008

Asturias patria querida

Cuando ando yo contando las horas para irme a mi tierra me aguan la fiesta los del tiempo anunciando una borrasca con fuertes vientos y lluvias en el norte peninsular. Yo que pensé que iba a poder disfrutar de unos días de sol, al final tendré que conformarme como siempre con una semana Santa pasada por agua. Así y todo tengo muchas ganas de disfrutar de Asturias unos días, aunque voy temblando de miedo ante el peligro que supone la gastronomía tanto a nivel doméstico (mi madre es una excelente cocinera) como a nivel público (nun se pué tomar una botellina de sidra a palu secu).
La época de pegaratas es muy mala. Las tartas desfilan por mi casa como rosquillas y uno tiene que ser muy fuerte de espíritu para resistir tal tentación. No me quedará más remedio de todos modos que o cerrar la boca o ponerme a correr al menos dos veces al día el corredor del Nalón. Aunque lo cierto es que yo creo que lo mío, como la del chiste, debe de ser glandular, porque mira que estoy siguiendo la dieta y cuídandome y los kilos, tozudos ellos, siguen pegados a mí. Yo creo que debo de tener una composición molecular que roza ya lo extraterrestre. No encuentro otra explicación. O quizás lo mío sean simplemente gases, boba, y así, el día que los suelte todos, me convertiré en la primera asturiana interplanetaria, capaz de irse de un punto de la galaxia a otro sin necesidad de cohetes, trajes espaciales ni demás chorradas. Alguna razón de peso tendrá que existir ante tanto peso pesado que se resiste a abandonarme.
El caso es que voy ya asustada de ante mano, pensando en los grandes sacrificios que tendré que hacer para no enriquecer mi ya rica reserva de grasas. Prometo abusar sólamente de la hoja verde y el pescadín y no meter un hidrato de carbono en la boca ni aunque me ahogue en mi propia baba. A Tutatis y a Lugh pongo por testigos, de que pasaré hambre con dignidad y sabré mantener mi orden de alejamiento de las pastelerías varias que surten de olor maldito los alrededores de mi casa materna. Prometo incluso no comerme el postre de mi hija en el avión y no repetir de la tabla de quesos que siempre te ponen en estos vuelos tan ejecutivos de Iberia.
A la sidra no voy a renunciar, porque yo creo que es muy diurética. Tanta manzana diluída aleja al médico de casa y anima a visitar el toilet al menos tres veces en una hora.
Ay señor, tanto hablar y pensar de comida ya me está entrando el hambre....a pastar!

1 opmerking:

laura zei

Pasaló muy bién en Asturias y no seas tonta, disfruta de la comida, la bebida y los postres, que para hacer dieta ya tendrás tiempo, pero cosas como esas no se disfrutan todos los dias.

Besos.