Ir de compras con una amiga holandesa puede tener dos consecuencias: una, que te deprimas para el resto de la tarde; dos, que de una vez por todas te des cuenta de la pura realidad: estás gorda. Los holandeses son seres directos por naturaleza. Desconocen el concepto de ser diplomático y no se andan por las ramas. Sabiendo todo esto tan bien como lo sé, después de casi casi ya una década en este país, no me tenía que haber pillado por sorpresa lo que me ha pasado hoy. Sin embargo, creo que el problema es que no suelo ir de compras muy a menudo con amigas holandesas, por no decir nunca, ya que además de poco diplomáticos, por regla general muchos suelen ser además horteras, para no andarme yo tampoco con rodeos. El resultado es que una pica porque no está inmunizada.
Pues bien, ha venido una amiga holandesa a visitarme y nos hemos bajado al centro de compras. He de decir, y que sirva de atenuante, que esta chica además debe llevar como mínimo la misma talla que yo o dos más, sin ser exagerada. O quizás a mí me parezca que yo soy más esbelta porque le saco una cabeza y yo soy diábola mientras ellá es más bien cúbica de los pies a la cabeza. Yo además soy mucho más resultona y luzco más la ropa, que todo hay que decirlo. Pues bien, comienzo diciendo que busco algo para una boda en España, un vestidín con una caída mona que me disimule la barriga, el estómago y las caderas, pero que me haga las tetas más grandes y los hombros bien formados. Se me ha quedado la tía mirando con una cara de alucinada como si acaso estuviera pidiendo yo peras al olmo, pero recuperada del susto se ha autoinvitado a convertirse en mi asesora de imagen y se ha puesto como loca a buscar cosas entre las perchas. He tenido que dejar claro varias veces que no se pueden llevar tejanos a una boda española por muy monos que estos sean, y que no debería ir de negro completo, ni tampoco de blanco. Después de estas salvedades, conocidas por cualquier fashion victim que se precie, ha encontrado un vestido monísimo en Zara: vaporoso, tonos rosas veraniegos, corte imperio, y lo más importante: talla L. Voy rauda y veloz a probar pero hay una cola de muralla china que te mueres, así que yo, como muy optimista, digo que no pasa nada, que me lo pruebo allí mismo encima de mi otro vestido. Pues nada, la asesora me dice que me queda fatal porque me aprieta mucho en las tetas y se nota que es una talla o dos menos a la que debería llevar...Yo me veía monísima la verdad porque aunque es cierto que me ajustaba un poco en el pecho -joder, llevaba otro vestido más una saya debajo!!-, como tengo poca teta, parecía que tenía más, y tampoco me hacía muy chorizo, y luego pues caía suelto en la cadera y todo el rollo...Pero me ha dado corte llevármelo y allí se quedó (seguramente volveré mañana). Así me ha pasado en varias tiendas, y al final, hemos rematado la faena en Laura Ashley, que suele tener así vestidos muy chic para bodas aunque un poco clásicos, eso sí. Me pruebo uno muy chulo y este sí que me quedaba ajustado, de manera que ya de mano antes de salir del probador digo voz en alto: "Uy, buff, qué va, si fuera al menos una talla más...". Y la boca de la veritá me dice tan tranquila: "Y quién te dice a tí que esto lo arregla sólo una talla más?".
Como yo soy de la cuenca y somos muy güevones pa estas cosas, me juré que antes de que acabara la tarde iba yo a entrar en una 44 ante los ojos de lá dutchi esta aunque me tuviera que liposuccionar a mano las caderas en plena calle. Así que terminamos en una tienda con ropa hippy, muy suelta, pero muy cara y terminé comprando unos pantalones hindúes en verde, con una túnica por encima de flores rojas y verdes de la santísima talla 44 aunque fuera de la India. He regresado a casa muy contenta por haber sido capaz de demostrar a mi amiga que tengo dos tallas menos que ella como poco, y eso me ha hecho muy feliz pese a que Mr. Tolle me diría que he alimentado mi ego de la misma manera que alimento mi cuerpo: a lo bestia. Al llegar a casa y sacar mis compras de la bolsa me he dado cuenta que esa ropa no la podré poner más que para ir a una boda a Bollywood y nunca a una ceremonia eclesiástica en los jesuitas de Oviedo. La moraleja del día sigue siendo la misma que todos los días: ni mi ego muere ni mi cuerpo adelgaza...pero por Tutatis que no me holandearé nunca tampoco...
SENTADA EN EL PARQUE.
1 jaar geleden