dinsdag 8 september 2009

Día de Asturias

Qué es ser asturiano? Hombre, de cajón es que seguramente has nacido en Asturias, aunque como los de Bilbao, los asturianos nacemos no donde nos sale de los cojones, sino de los corazones. Y así han nacido asturianos en América del Sur a patadas, a fuerza de romances fraguados a sones de gaita de los centros asturianos. Y han nacido asturianos aquí en Holanda, que como mi hija saben gritar el Puxa Asturias aunque sea con acentín de guiri de Europa del Norte. Ser asturiano o mejor dicho, sentirse asturiano es algo que se lleva en el corazón y como muchas cosas en la vida, o se tiene o no se tiene, porque el nacer no da el derecho a ser o a sentir. Conozco a muchos enamorados de mi tierra que la sienten como yo la puedo sentir, y que no han nacido en ella. Así como conozco a otros que habiendo dado el primer grito en este mundo en territorio astur no hace más que maldecir su tierra.
Sólo unos cuantos que han podido conectar con esa energía intrínseca de la tierrina que te ata a ella, que te seduce, que se transforma en un cordón umbilical extensible a todo el mundo, sólo esos digo, pueden sentirse verdaderamente orgullosos de ser asturianos. Y sólo este grupo, en el que me incluyo, puede ser capaz de cerrar los ojos y estén donde estén, en un día como hoy, oler la tierra verde y mojada, escuchar el oleaje de esa mar rabiosa y salada que te "aria" los labios cuando caminas a su orilla, y dejar el corazón latir tan alto como esos picos nuestros verticales e inquebrantables, como dice la canción.
Feliz Día a todos los que sienten así a nuestra querida Asturias. Puxa Asturies!!!

vrijdag 28 augustus 2009

Vuelta de vacaciones

Lo cierto es que yo hubiera podido ser guisandera. Me he criado al lado de los fogones alrededor de los cuales se daban cita tres generaciones de acendadas guisanderas que iban y venían entre patatas, arroces, judías, carnes, harinas y demás viandas para crear un universo de olor y sabor que parecía no tener límites. Yo sin embargo no estaba muy interesada en la cuestión de la cocina, o de lo que se cocía en ella, o mejor dicho de lo que en sí se cocinaba en los fogones. Al contrario que mis hermanas, que han sabido aprender los trucos y recetas del rosario familiar, y bien que les ha ido con un afamado restaurante en la capital y una empresa de cátering de no menos rango, yo me interesaba más por las palabras que en aquella cocina desfilaban desprendiendose en el ambiente para unirse a los aromas de los guisos. Mientras mis hermanas como digo se afanaban en recordar las recetas y seguir paso a paso la elaboración de los platos, yo me perdía en las historias que acompañaban a cada delicia culinaria. Cada receta venía siempre acompañada de alguna historia y así, las galletas de la tía Eulalia traían a la cocina a la vieja Cuba, porque allí era donde la tía había aprendido a hacer aquellas galletas deliciosas cuyo ingrediente secreto, creo recordar porque repito que en esto de la cocina les salí rana, era ni más ni menos que unas lágrimitas de desamor rociando la masa fresca. Y de ese ingrediente también había bastante en la familia, porque el único calor de aquellas mujeronas, mujeres y mujercillas, era el de los fogones, que ningún marido, novio ni amante, les supo aguantar el paso, y las fue dejando abandonadas, viudas o divorciadas por el camino.
A mi de la cocina, aparte del hervidero de historias, rumores y cotilleos (porque mis parientas además de guisanderas tenían la habilidad de convertirse a veces en verdaderas verduleras), me gustaba el resultado final, es decir, la comida lista para ser engullida primero por los ojos y después y casi ya por glotonería a través del paladar. Digo por glotonería porque después de horas macerada entre aquellos aromas y un prueba aquí esto y aquí esto otro, una ya tenía la sensación de haberse metido entre pecho y espada al menos tres o cuatro raciones de aquellos maravillosos platos. La comida junto con las historias han marcado el resto de mi vida y mientras no puedo evitar seguir tragando cuanto puedo de lo primero, necesito vomitar el mayor número de historias posibles al día, uno para subsistir, pues vivo de ello, y otro por una necesidad fundamental de contar cosas, como si al escupir las palabras me sintiese un poco más vacía para poder seguir comiendo. Son estos los dos placeres fundamentales de mi vida, porque como avanzaba, el amor no ha sido el fuerte de esta familia matriarcal, o no el amor masculino en todo caso, porque eso sí, entre nosotras nos amamos tanto como nos odiamos.
He conocido a bastantes hombres, pero de algunos no me acuerdo de sus nombres, y eso debe de ser mala señal. De los otros que sí recuerdo, el nombre al menos, ha quedado una sombra ténue que apenas hace nada por salir de vez en cuando a flote en los recuetos caminos de mi memoria, o desmemoria, porque llevo fatal lo de los recuerdos. Quizás haga falta precisar que es desmemoria selectiva, ya que de algunas cosas que han pasado hace tanto tiempo puedo llegar a recordar los detalles más mínimos, como el olor del ambiente en aquel momento, la ropa que llevaba puesta, el color de una flor sobre la mesa, y sin embargo de otros acontecimientos de mi vida o de la vida ajena en la que simplemente ejercí como testigo, no me acuerdo de nada de nada. Pero lo de la memoria no me preocupa demasiado (menos cuando se trata de recordar dónde he puesto mis llaves, que tienen siempre la manía de desaparecer en el momento más desafortunado). Llevo también fatal lo de la memoria colectiva de la que es máster mi familia, porque todas ellas tienen la increíble habilidad de recordar de la misma manera y con el mismo detalle las historias pasadas, las reuniones familiares, lo que le sucedió a fulanita el día de su boda, lo que mató a fulanito un día de verano, y yo, siempre siembro la discordia, porque parece que estoy condenada a recordar de otra manera.

dinsdag 16 juni 2009

Despistes y chapuzas

Todo hijo de vecino ha tenido algún despiste a lo largo de su vida, pero lo mío últimamente clama al cielo o más bien al entramado neuronal que me gestiona. Durante tres días seguidos he estado estas últimas vacaciones con los sobacos pegajosos a más no poder, que ni podía levantar el brazo vamos, hasta que me dí cuenta que el desodorante mini versión avión no era tal, si no que era laca brillo sedoso para el cabello con un complejo vitamínico que te hacía crecer incluso los pelos más fuertes y voluminosos...Ya lo decía yo que tanto depilarme y las axilas se repoblaban por la noche como por arte de magia...Luego, a la vuelta, me piden un día en la calle un boli para apuntar un teléfono y entregué el tampax sin ningún tipo de reparo. El otro día confundo la pasta de dientes con la de la nena, y ayer, compré en el súper una laca del pelo en oferta que me he puesto hoy por toneladas, para descubrir en pocos minutos que me habían vendido no gato por liebre, sino antimosquitos con citronella por laca de pelo. Es decir, que los pelos los tengo hechos una aunténtica mierda, pero no se me acerca un bicho ni a un kilómetro de distancia. He ido al super a cambiarla porque este bote estaba donde las lacas y me parece de muy mala leche el que pongan ahí un antimoscas. La cajera del super arrugó la nariz nada más que me vió entrar por la puerta bote en mano y cara de malas pulgas, claro que olía yo que apestaba y los pelos desenlacados, moviéndose al viento, no hacían más que extender el olor por todo el loca. La chica, muy digna ella, echó fuera la pelota de su campo diciendo que seguramente algún comprador-ra habría hecho tal cosa, porque ellos tenían una metodología muy precisa para colocar sus productos y por nada del mundo podrían cometer tal error. Yo que ya no aguantaba más el olor propio y el cachondeo ajeno, le dije que me devolviera el dinero y ya está, que no iba a discutir sobre el culpable del delito, que lo único que me interesaba eran el cuerpo del mismo, osease yo misma y mi pelumbrera al limón. La chica me dijo que como el producto ya se había usado que no lo podía devolver y que lo sentía mucho pero que la culpa era mea mea. Estoy hasta el moño de este país tan poco orientado al cliente, diantres. Vas al médico, te raja dos quistes en el chichi pensando que son dos granos inocentes, resultan ser una infección bacterial, se infectan, pasas 10 días de penurias y la médica sentencia que mala suerte, culpa de su chichi que no ha reaccionado como un chichi holandés. Te compras un producto que no es lo que promete esa hilera y ese cartel, te embadurnas el pelo de arriba abajo de flisflas antimoscas y ajo y agua con su olor a citronella, que la próxima vez lea usted la letra pequeña del embase, señora mía. Yo quiero emigrar a América, donde te tosen encima del café y les puedes meter un puro judicial de 15 millones de dólares que te solucionan la vida.
Los despistes son cosa mía, pero la desverguenza no. Además, he visto en el programa de Redes que el cerebro humano es una auténtica chapuza evolutiva, así que puestos a reclamar voy a llevar a juicio al Vaticano, que si Dios nos hizo a su imágen y semejanza ya podemos ir echando cuentas de la clase de Dios que tenemos, que no se acuerda ni dónde puso las llaves, menos se va a acordar de quién coño le dió el mordisco a la manzanita de marras. No somos nadie. Voy a lavarme la pelambrera.

http://www.smartplanet.es/redesblog/?p=435

maandag 15 juni 2009

I am back...

Llevo ya cierto tiempo sin escribir nada. He estado como siempre ocupada con otros asuntos, los estudios, la nena, yo misma y mis consecuencias (que son muchas y complejas) y unas mini vacaciones en Asturias que se convirtieron más bien en una cadena de calamidades. Ayer me fuí a la cama pensando en el deber de actualizar mi blog o deshacerme de él para siempre. Pero me cuesta mucho deshacerme de las cosas. Nunca puedo despegarme del todo de los objetos que quiero o que he querido y lo mismo me pasa con las personas. Conozco a gente que funciona con cupos de amistad que van cambiando por temporadas. Cada cierto tiempo sólo pueden atender a X amigos, salen con ellos, los miman, los llenan de atenciones y se ven casi a diario, y con la nueva temporada o el nuevo año se renueva el grupo. Salen unos para entrar otros hasta que el aforo se completa de nuevo y ya no queda sitio para más atenciones. Yo no soy así y a veces quizás debéría serlo. Tengo y me siento de orgullo al decirlo muchísimos amigos a los que quiero y admiro, pero quizás por exceso de cupo, no puedo mimar más como se merecen. A muchos de ellos los he tenido abandonados esta temporada, que he tenido que combinar con dos estudios y trabajo freelance, y demás deberes familiares. Pero espero, que como yo sigo queriéndoles, me sigan ellos/ellas queriendo a mi.
Ayer sin ir más lejos fui a comer a casa de unos de esos amigos a los que ves menos de lo que quisieras pero a los que quieres bien. Lo hablábamos precisamente en una sobremesa cargada de copas y licores, más vale a veces calidad que cantidad. Y mientras filosofeábamos sobre la amistad, el amor y la vida misma, fueron entrando copas y copas hasta que vaciamos el bar familiar. Llegué a casa con ese sopor feliz que deja el alcohol del bueno, me tumbé en el sofá a ver una peli por el ordenador y finalmente me fuí a la cama consiguiéndo olvidarme por un día de los malos resultados de mi examen de patología. Al acostarme recibí como siempre el beso formal de mi querido esposo deseándome buenas noches. Me sonrió y me dijo: ¨sabes a fresa¨. Yo me quedé sorprendida porque todavía podía saborear yo misma las dos copazas de gintonic con Bombay y pepino. Recordé a una amiga mía de juventud, que cuando se enrrolló con el chico que le gustaba éste se dedicó a decir a todo el mundo que ella sabía a fresas. Nunca había oído algo tan romántico hasta entonces y yo me preguntaba porqué el mi Fermín nunca me decía aquellas cosas a pesar de estar todo el día comiéndonos chupachups de mil sabores. (Claro que con lo que yo fumaba, como decía mi güela besarme a mí debía ser como lamer a un ceniceru). Tuvieron que pasar 25 años para que un hombre, mi marido, me dijera que sabía a fresa. Cuando la lágrima de emoción melancólica estaba a punto de ponerse a rodar por mis mejillas, me di cuenta de que entre el cansancio y la borrachera me había lavado los dientes con la pasta de los Teletubbi´s de la nena...osease que no sabía a fresa fresa de verdad...sabía a Lala, Po y a Twinkiwinki. Cerré los ojos y me dediqué a dormir la mona...Soñé con un post mucho más literario y divertido que éste, pero qué quereis, una ya no dá para más...

woensdag 13 mei 2009

Para dos buenos amigos....

El mayor error de la humanidad no es el creer que podemos llegar a ser eternos, que podemos, es creer que somos permanentes, porque la permanencia no existe, ni siquiera después de la muerte. Todo se transforma y cambia, y aunque la energía que lo mueve sea eterna e infinita, las formas que ésta toma nunca podrán ser para siempre. Los sentimientos evolucionan y nos hacen caminar con ellos, equivocarnos para acertar o acertar al equivocarnos. El mayor peligro que acecha a la humanidad es el miedo, porque el miedo paraliza y nos estanca y no nos deja evolucionar y seguir moviéndonos con esa fuerza centrífuga del universo que a su manera, siempre nos lleva a donde debemos estar.

Daros la mano y compartir los temores, y a partir de ahí, reencontraros el uno con el otro dentro del amor, de la amistad o de la mera convivencia, pero después, a lo largo del camino que emprendais, detrás de las muchas puertas que se abrirán, o tras los cristales de las nuevas ventanas por delante de las que pasareis en vuestro caminar, que siempre tengais vuestras manos amigas que puedan, por un momento, atrapar los miedos y apoyaros durante el proceso de transformación...

dinsdag 12 mei 2009

Tocarás el cielo..buen viaje!

Nunca podrás irte del todo después de dejarnos tu música...sé que ahora tocarás el cielo y podrás reunirte con Marga y hacer fórmulas mágicas de amor y melodías...Encontrarás con ella el sitio de tu recreo, y cerrareis los ojos juntos para crear nuevas poesías a las que poner música...Los genios suelen vivir intensamente pero demasiado poco para los que disfrutamos de sus genialidades. Disfruta de esta nueva etapa, nuevas brisas, otro silencio y otra dimensión...Que tengas buen viaje y gracias por tus canciones...Ahora cerraré los ojos y dejaré que la imaginación me devuelva a aquel lugar donde por primera vez te escuché cantar y una canción consiguió emocionarme...